Ellos confiesan y relatan cómo fue su peor cita de Tinder

Las citas de Tinder pueden ser un verdadero desastre, una completa historia de terror y los testimonios a continuación, son la mejor prueba de ello. Aunque sus creadores insistan en hablar de estadísticas exitosas.

Ella quiso creer que yo era Grey

José Luis, diseñador gráfico, 32 años.

Quedé en verme con una chica en mi casa, se acostó en la cama y preguntó si tenía con qué pegarle, cuando le expliqué mis intenciones no eran tratarla de esa forma se ofendió. Dormimos cada uno a un lado de la cama sin tocarnos, sentí miedo.

Entre los fantasmas

Laura, enfermera, 29 años.

Me obsesionan los músicos, acordé con un guitarrista en su casa. Luego de tener intimidad, supe que el viaje no valió la pena, pero lo peor fue al salir del baño en la mañana, estaba desnudo y miraba a la ventana.

Me dijo hiciera silencio, movía los brazos como un ave y se puso de rodillas, para luego arrastrarse hasta la cama. Dijo había un fantasma en la habitación y me rogó me quedara. Regresé al baño y al salir, estaba como si nada hubiese pasado. Insistió en acompañarme al coche, pero aceleré tanto como si no existiera un mañana.

La lujuria Vs. la gula

Jesús, informático, 33 años.

Quería comer en Domino’s, aprovechar la oferta de All you can eat, abrí un perfil en Tinder, buscaba una compañía para comer. Yo invitaba, después de todo, 3 pizzas por 14 euros era barato. Encontré una india, cada uno comió lo suyo, supe que comer 3 pizzas es más difícil que encontrar intimidad, pero más sencillo que hallar el amor.

Skype chivato

Patricia, gestora de cuentas, 32 años.

Lo conocí en Tinder y parecía el hombre más interesante del mundo, viajaba por todo el planeta, trabajaba en el cine. Siempre hablábamos por Skype y decía debía ir a Inglaterra por su trabajo. Un día dijo que por una avería no podría verle ni oírle, pero el si me veía, hasta que dejó la cámara y audio encendidos, la verdad es que vivía en casa de su madre en Asturias, ella entró para dejarle el cola-cao y reclamarle por no recoger su ropa. Él tenía 40 años pero quedé en verlo en Madrid. Me dijo tenía novia, estaba en la crisis de los 40 y quería la última aventura. No volví a usar Tinder.

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La verdad y sus dos caras

Gonzalo, técnico deportivo, 34 años.

Después de días de hablar con una chica interesante, quedamos en vernos. Pero unas horas antes del encuentro, confesó que era la misma mujer a la que veía desde hace tiempo. Ella me tendió una trampa para descubrir si veía a otras mujeres. Luego decidimos salir de manera oficial, pero terminamos a los 2 años. Las apps de citas no sé si son efectivas para encontrar pareja, pero si para descubrir locuras.

El parque jurásico

Zoe, periodista, 32 años.

Mi cita insistió en ir a un bar de gatos, sentados junto a la banda no escuchaba nada de lo que decía. Dijo que inventó el violonchelo andaluz, dije un chascarrillo y dijo que era una pija madrileña. Luego dimos una vuelta por el parque, me acusó de usar tacones y maquillaje, luego me dejo sola para correr, cuando regresó le dije que nos fuéramos. Al salir del parque, tomé un taxi y prometí no usar más Tinder.

Novios a la fuga

Agustín, 33 años.

Me encontré a un hombre con lentillas horribles que parecía un horrible Ken. En la barra le dije que tenía que irme, me encontré una amiga que también huía de una cita a ciega y nos embriagamos.

El rechazo con sorpresa final

Miriam, ingeniero, 33 años

Hice match con un chico, éramos muy compatibles. Nos vimos varias veces e insistió en presentarme a su familia, me invitó a la boda de su hermana. Llegaba a donde sabía yo estaría hasta que desaparecimos. Meses después lo vi y dijo que le gustaba y volvimos a quedar. Al salir del bar quiso llevarme a su casa pero le dije no quería acostarme con él. Comenzó a arrastrarme y dijo se lo debía, pero subí la voz cuando se acercó un grupo de gente, me soltó y me fui a casa.

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Un rollo en primavera

Paz, producción, 29 años.

Luego de 3 semanas hablando con un match, fuimos a comer y elegimos los mismos platos. Yo comencé a comer pero él no, me reí de cómo mezclaba sus platos y se enfadó porque dijo así lo enseñó a comer su padre y había insultado su memoria. Cuando dije que me iba dijo que tenía que quedarme a escucharlo pero no lo hice.

Me lleve una sorpresa

Sara, periodista, 30 años.

Quede en verme con un hombre simpático que dijo trabajaba como creativo en una galería. Me dijo que en su trabajo lo valoraban porque hablaba inglés. Aparecieron turistas suizos pidiendo ayuda en inglés, él se quedó callado y al final, los turistas se fueron.  Luego me gritó que yo ya había ligado con los tíos suizos. Me fui a casa y borré Tinder.

Antigluten

Maya, diseñadora, 30 años.

Era la segunda vez que nos veíamos, sería en su casa con objetivos muy claros. En la primera cita dejé claro que soy intolerante al gluten por lo que pedí de comida. Cuando llegué, me preguntó que si tenía hambre, él insistía. Cuando fui a la cocina por agua, vi que tenía una gama completa de productos sin gluten y él no era celiaco.

Hombre de filtros

Nuria, auxiliar de enfermería, 35 años.

Tenía una semana hablando con un hombre que parecía de Hollywood, quería acostarme con él, pero él lo posponía. Hasta que un día quedamos en un lugar y vi que se trata de un hombre bajo y regordete. Cuando le dije que era diferente a las fotografías, me dijo pedazo de gorda, pero soy talla 36.

Kill bill de marca blanca

César, chef, 36 años.

Quedo con los tíos después de unas pocas palabras. Pero David insistía en conocerme primero porque era un romántico y continuamos así. Un día quedamos en vernos y me preguntó si sabía quién era. El confesó había salido con mi hermano y como se portó mal quería vengarse conmigo. Mi hermano vio mi foto con él y me preguntó quién era, no lo recordaba.

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